Etnografía 9.10.2018

Lic. Agustín Pérez Marchetta

El poder judicial te da años como….

Como si fueran caramelos.- me termina la frase uno de los presidiarios que dentro de 7 meses recupera la libertad. El 06 del 07 de 2019. Me termina la frase de su oración, delcadáver exquisito que leo en el taller de ciudadanía organizado por Asociación de pensamiento penal, en el marco de un taller de la UCASAL. También participa el centro cultural pata pila, la secretaría de Derechos Humanos de Nación, Fundación Kamkunapa y
el colegio de Abogados.

No me acuerdo los nombres, me acuerdo desde hace cuánto tiempo que están en la cárcel y algunos de sus edades.

Yo estoy hace poco, 4 meses. Nunca nos dijo cuanta condena.

Yo estoy hace 34 años, el mundo exterior tiene que entender, nosotros tenemos que entender, que también somos parte de ese mundo.

Yo tengo 22 años, estoy hace 5 años (desde los 17 entonces). Después se me acerca, me dice que va a salir dentro de poco, que él jugaba en central norte, que quiere volver a jugar.

Yo tengo 74 años y hace 5 años que estoy acá. (¿que pasó?¿por qué se «descarrilo» a esa edad?)

Antes de todo eso, el día venía siendo nefasto para mí. Lunes, pérdida de sentido, cuestiones personales/laborales atravesadas en mi mente, en mi cuerpo. Llego al penal de villa las rosas, afuera hay una placa que recuerda que allí hubieron detenidos de la última dictadura militar en 1976 -1982, quienes fueran trasladados a palomitas y dinamitados.

Después en el grupo que estábamos cuestionan la ropa de 2 integrantes (pantalón corto de un compañero y el jean «roto» de una compañera: la femenina en los términos carcelarios) por lo que demoramos un poco más nuestro ingreso.

Pasamos, dejamos atrás la oficina de atención ciudadana y nos encontramos con la torre de control panóptica en el patio central, con 6 pabellones (dos a cada costado y dos atrás). Atravesamos el jardín, ya con la sensación de estar «Dentro» de la cárcel.

Todavía no, falta la requisa.

Firmamos una planilla y dejamos las cosas en sobres: celular, se quedan con nuestros documentos.

Llegamos a la requisa, hay una fila de 6 masculinos y 6 femeninos. Nos miran. Nos miran fijo. Algunos aflojan la mirada, pero se nota la tensión, la institucionalización de sus seños, sus rostros, buscando borrar expresiones humanas básicas para poder ser «máquinas» eficientes, duras, despersonalizadas.

Para cada lado hay cubículos personalizados en donde pasamos con un uniformado y apenas nos palpan. Nos preguntan para qué venimos, no se entiende muy bien.

Pasamos la requisa, atravesamos la primer reja. Vamos saludando a todas las personas a nuestro paso, pasan dos penitenciarios con casco, chaleco, escudo, uno balanceando una cachiporra en su mano. Ni una palabra. Su sola presencia se siente más escalofriante que la del resto. ¿De dónde vienen? ¿A dónde van?.


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Seguimos.
Atravesamos otra reja, un pasillo, bordeamos el pabellón, las ventanas son circulares y están muy cercanas al techo, solo se ve el azul del cielo detrás de los barrotes y nada más.
Pasamos el polimodal, las dependencias en donde desarrollan sus actividades los evangelistas. LLegamos al SUM en donde antes funcionaba una escuela de Box (funciona o funcionaba? todavía están los ganchos pero despareció el RING). La escuela de Box se llama/llamaba: Carlos Monzón. [Justo!! me dice Anahí después de salir, justo el nombre de un Femicida ponen en la cárcel. Lo loco es que o son todos cómplices o nadie se da cuenta
que es casi lo mismo, porque, ¿hace cuanto que esta ese nombre ahí?]. Saludamos a cada preso con la mano, como viene una compañera en el grupo a ella la saludan con un beso.
Nos presentamos, se nota la tensión, la distancia, cada cual según su organización y procedencia. Me toca, les digo que fue una experiencia fuerte para mí, que me imagino que mucho más para ellos, pero que estamos acá para salir adelante, para construir todos juntos. Aplauden.
Nos ponemos en ronda. Siempre en ronda, porque la ronda iguala, nivela, hace que la voz de cada uno se escuche, se exprese lo más igualitariamente posible. Se van presentando, nos cuentan que toman los cursos del profe. González, oratoria y literatura, expresión corporal y educación física, que quieren hacer algo con el tiempo que tienen, algo productivo, no perder este tiempo que se encuentran privados de su libertad, reinsertarse
socialmente. Mientras se presentan TODOS MIRAN A LA COMPAÑERA, las miradas no se despegan de ella, casi en ningún momento, también la acompañaban en los pasillos y a la entrada. Que cosa esto de las construcciones binarias de las instituciones, varones por un lado mujeres por el otro. Más tarde me contaría Anahí que con las mujeres trans al no encajar con ese modelo las llevan siempre al pabellón de los hombres, porque claro, el DNI por lo gral. no registra el cambio de identidad. Y que es terrible, aunque las compañeras que entran saben adaptarse: se dedican a la peluquería, se consiguen un amor… son un recurso escaso en años de prisión y soledad masculina.
Salimos al patio, el patio es tan fresco, da tanto aire, todo ese cielo azul, se llega a ver la cima de uno de los cerros de villas las rosas. El cielo, el cerro, si vamos bajando las miradas vemos el alambre de púa rodeando todo el patio, las paredes blancas con algunas figuras deportivas y las piedras que terminan donde empieza el piso. Nos ponemos en rondas más chicas, iniciamos las dinámicas de rompehielos, nos hacemos masajes en la espalda. Hay risas, se descontractura un poco, aflojamos la mano, la cara. Respiramos, elongamos… hay otro aire, otro acercamiento.

Empezamos. No sabemos bien cómo arrancar, le contamos la historia que teníamos preparada para hoy, de cómo un padre que su hijo fue atacado por una pandilla de un barrio decide, en vez de aplicar mano dura, darles una oportunidad a través de un emprendimiento productivo. Hablamos de la falta de justicia, uno de los presidiarios me pide la palabra

.- no se si justicia es el mejor término, es muy abstracto.. me parece que sería más apropiado poder judicial, eso está más definido y muchas veces nada tiene que ver con justicia.
Se decide continuar con el taller y se acerca la propuesta de un cadáver exquisito.
.- Se pueden elegir tres palabras, les parece que una sea poder judicial?
Asienten. Se eligen dos palabras más: oportunidad y desigualdad.
Primera vez que hacen un cadáver exquisito. Mientras escriben en los ratos libres se nos acercan varios a hablar. Viene el que está por terminar de cumplir condena (7 meses nomas faltan me dice) y me cuenta que es locutor, que antes trabajaba en la radio de Skombros, que está en la radio de villa las rosas 107.9, que tiene un alcance de 20 cuadras. Ensaya una entrada siendo las 18:00, imagina la conversación con una oyente Yanina que llama
para pedir un tema de sonido master… Ahí nomás lo corta el otro y le dice:
.- Y seguro entra el guardia cárcel pidiendo el celular. Todos nos reímos, porque así de perseguidas e inquisidoras son las instituciones totales (como diría Goffman) de la modernidad: no quieren dejar nada librado al azar, ni siquiera los productos de la imaginación.
Se me acerca el «profe» el que dijo lo de justicia y poder judicial. Me pregunta qué estudio, se interesa, me dice que se podría dar un curso de sociología, que ayudaría a la convivencia. Nos agradecen la sola presencia de estar allí
.- Es otra cosa, ustedes son un aire fresco, el personal del servicio penitenciario tiene un trato muy estricto con nosotros, muy duro, pero ustedes… ustedes vienen con otra onda, con la sonrisa ya nomás cambia, con ustedes nos sentimos IGUALES.

Se me hace un nudo en la garganta, nunca hubiera imaginado que alguien pudiera extrañar tanto una sonrisa, un tuteo, una palabra amena.
Me preguntan por la crisis afuera, les cuento del dólar, del día a día, pero que bueno ya fue, ya pasó en el 76, en el 89, y parece que volverá a pasar…
Les cuento que me pareció muy fuerte la entrada a la cárcel. Ellos asienten y me dicen que cuando condenan a uno, también condenan a su familia y a su entorno, porque todes les que le visten tienen que hacer el mismo trajín.

El grupo sigue, para que todos se expresen hacemos 3 grupos de 4 que van rotando por cada afiche: Oportunidad, Desigualdad, Poder Judicial.
Como no tenemos teléfonos, no sabemos qué hora es, por lo que el tiempo es relativo (¿alguna vez no lo fue?. Les digo que tenemos más cosas para hacer pero que se tomen su tiempo, que no es la idea que hagan las cosas a la apurada. Viene una de las catequistas que nos acompaña y nos dice que a las 20:00 hay que terminar, son las 19:25. Pedimos que agilicen, terminan.
Volvemos a hacer una ronda y leemos los cadáveres exquisitos. TREMENDOS: FUERTES, SENSIBLES, DESGARRADORES, los presidiarios, los que nos agradecen, los que están olvidados por el mundo exterior, atrás de cuatro paredes cumpliendo condena por vaya a saber que tienen una sensibilidad y humanidad que emociona, que impacta, que nos deja boquiabiertos, con sensaciones a flor de piel que no sabemos cómo atajar/contener/agradecer. Aplaudimos, rompemos en aplausos con cada cadáver exquisito y después de leer todos.
Se va despidiendo el día, con algunas nubes rosas que asoman entre las paredes y el alambre de púa circular, volvemos a entrar, nos despedimos de cada uno, nos agradecen, que nos van a estar esperando, que volvamos, que los ayudemos.
Es otro el semblante, es otro el aire, son otros los presos y las paredes del penal de villa las rosas. Ya nada volverá a ser lo mismo. Fuimos al salón más oscuro de la humanidad y encontramos hombres con una humanidad terrible, que desconcierta [después en el auto analizamos y sabemos que con quienes estuvimos son personas que tienen ganas de salir, próximos a cumplir condena o con una actitud más positiva, «proactiva dirían las empresas», faltan los que están al fondo en los pabellones, los que no toman ningún curso, ¿que pasara por la mente de ellos?] que no se puede entender porque el sistema condena a la pérdida de libertad de tantas personas.

Atravesamos nuevamente los pasillos, los rejas, los guardias, la requisa, salimos, nos piden datos, tienen miedo que hagamos asesoría a los presos, que demos información de más, no sé, simplemente tienen miedo, tiemblan con la presencia de abogados.
Nos despedimos con un abrazo, pensando en el próximo encuentro que tendremos. Afuera, afuera el mundo sigue, los autos siguen pasando, el día se despide, voy a hacer unas compras al super, busco a mi hijo, manejo hasta mi casa y ahora veo todo desde otra óptica, otro lugar.
Ya nada es lo que era, ahora la libertad, la palabra, la sensación, tiene otro sabor, otro tinte, otra intensidad.
Las autoridades, los profesores y los mismos presos esperan que con estos talleres los humanicemos y no se dan cuenta la humanidad que portan ellos y que nos humaniza el vínculo, el encuentro, la palabra… aun con el cuerpo y la imaginación encarcelada, no dejan de exhalar dolor, incertidumbre, destellos de creatividad y ganas de co-construir, con un afiche y un fibrón exteriorizan y dibujan, recrean horizontes más sensibles, afectivos y
empáticos.
Y ahí entendemos que la libertad es juntos derribar las paredes mentales, sociales, clasistas… sentarnos en ronda a vomitar lo que nos duele y reír los mundos que nos faltan.